La tecnología ya forma parte de la vida cotidiana de millones de bolivianos, pero el verdadero desafío no es estar conectados, sino contar con las habilidades y la confianza necesarias para aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo digital. Esa es la principal conclusión del primer Índice de Empoderamiento Digital (IED), presentado por el Instituto de la Mujer & Empresa (IME), que ofrece una radiografía inédita sobre la relación de la población con la tecnología y plantea una hoja de ruta para reducir las desigualdades digitales en el país.
El estudio, desarrollado por el IME de la Universidad Privada Franz Tamayo (Unifranz), el Observatorio Nacional del Trabajo (ONT) y el Centro de Investigación, Innovación y Transformación Digital en Turismo (CIINTUR), revela una paradoja alentadora: Bolivia cuenta con una población que muestra una elevada disposición para adaptarse al cambio tecnológico y utilizar la tecnología de forma ética, pero aún enfrenta importantes barreras para convertir esa actitud en capacidades prácticas.
Los resultados muestran que las dimensiones con mejor desempeño son la responsabilidad digital con 82,3 puntos y la resiliencia digital con 81,5 puntos, indicadores que reflejan una ciudadanía consciente del uso seguro de la tecnología y con capacidad para adaptarse a los cambios. Sin embargo, las puntuaciones descienden en autoeficacia digital (62,8) y efectividad digital (64), dimensiones relacionadas con la confianza para resolver problemas tecnológicos y utilizar las herramientas digitales para alcanzar objetivos concretos.
Para Xiomara Zambrana, directora ejecutiva del IME, este contraste representa el principal hallazgo del estudio. “Tenemos una boliviana y un boliviano que tienen ganas de usar la tecnología, tienen motivación, pero donde se estancan es en la autoeficacia y en la eficiencia. Es decir, en resolver problemas con la tecnología y utilizarla realmente para hacer mejor su trabajo y su vida”, explicó.
La investigación confirma que el acceso a internet ya no basta para hablar de inclusión digital. De hecho, el estudio parte de una premisa contundente: “el acceso no garantiza el empoderamiento”. Mientras las mediciones tradicionales se concentran en infraestructura y conectividad, el IED incorpora variables psicológicas y sociales como la confianza, la curiosidad, la resiliencia y la templanza digital, ofreciendo una mirada mucho más completa sobre las capacidades de las personas para desenvolverse en la economía digital.
Las brechas persisten, pero también existen oportunidades
Uno de los hallazgos más relevantes es que los hombres obtienen mejores resultados que las mujeres en seis de las siete dimensiones evaluadas, especialmente en efectividad, curiosidad y resiliencia digital. Asimismo, el nivel educativo aparece como el factor que más influye en el empoderamiento digital: la diferencia en efectividad digital entre personas con estudios de posgrado y aquellas con educación secundaria supera los 20 puntos.
También se evidencian diferencias importantes entre áreas urbanas y rurales, así como entre departamentos, lo que confirma que la transformación digital continúa reproduciendo desigualdades territoriales.
Sin embargo, el estudio evita quedarse únicamente en el diagnóstico y plantea un mensaje optimista: las fortalezas existentes constituyen una base sólida para acelerar el desarrollo digital del país.
“No basta con la capacitación. Es importante un acompañamiento emocional que nos permita equivocarnos cuando estamos aprendiendo con la tecnología y que nos dé la confianza que necesitamos para seguir navegando estas olas de innovación”, sostuvo Zambrana.
La directora del IME añadió que el reto consiste en crear entornos donde las personas puedan experimentar sin miedo al error, especialmente mujeres, emprendedores y trabajadores de sectores menos digitalizados.
Datos para transformar políticas públicas
Para Verónica Ágreda, rectora nacional de Unifranz y CEO del IME, el principal aporte del Índice es convertir la evidencia en acciones concretas.
“No hay manera de potenciar el talento femenino si no entendemos cuáles son las brechas y las barreras que están enfrentando las mujeres. Este estudio nos permite entender esas realidades y aportar de manera mucho más pertinente desde nuestros programas de formación y empoderamiento femenino”, afirmó.
Ágreda destacó además que la información generada puede servir como insumo para el diseño de políticas públicas y programas de formación alineados con los desafíos de la ciudadanía digital.
“La importancia de estos estudios también es que podemos brindar información fidedigna y confiable hacia las instituciones públicas para el diseño de políticas públicas que nos permitan avanzar en el ejercicio de nuestros derechos en tiempos de ciudadanía digital y de economía digital”, añadió.
Medir lo invisible para impulsar una transformación regional
Desde la Agencia de Gobierno Electrónico y Tecnologías de Información y Comunicación (AGETIC), Adriana Fernández valoró que el estudio trascienda las métricas tradicionales sobre conectividad.
“La verdadera pregunta nunca fue únicamente quién está conectada, sino quién tiene el poder de aprovechar esa conexión para ejercer sus derechos, tomar decisiones, acceder a oportunidades y transformar su vida. Eso es precisamente lo que hace diferente a este estudio”, señaló.
Fernández destacó que incorporar una perspectiva de género permite comprender desigualdades que no comienzan cuando una persona enciende un computador, sino mucho antes, en factores sociales, culturales y económicos que condicionan la confianza y la participación en los entornos digitales. “Cuando logramos medir aquello que antes era invisible, dejamos de responder únicamente a percepciones y comenzamos a construir respuestas basadas en evidencia”, remarcó.
La iniciativa también recibió el respaldo de la Fundación KODEA de Chile, organización que transfirió la metodología de su Índice de Empoderamiento Digital Femenino para adaptarla al contexto boliviano, convirtiendo al país en uno de los primeros de la región en implementar una herramienta de este tipo.
Para Karla Cantuarias, gerente de Incidencia e Innovación de Fundación KODEA, el valor del estudio trasciende la generación de datos y abre nuevas oportunidades de cooperación regional.
“Es importante este hito, no solo por la colaboración y la transferencia de conocimiento, sino porque cuando medimos la relación de la tecnología y las mujeres, y la confianza que ellas tienen en la tecnología, podemos despertar el potencial de sus negocios, de su calidad de vida, de sus trabajos y de la forma en que colaboran, trabajan y estudian”, destacó.
Cantuarias expresó además su expectativa de que los resultados permitan generar aprendizajes compartidos entre ambos países. “Esperamos poder comparar prontamente los datos de Chile y Bolivia y seguir estrechando la colaboración para impulsar el empoderamiento digital de todas las personas a lo largo de su ciclo de vida”, afirmó.
Un llamado a actuar
Durante la presentación del estudio, la representante de la CAF–Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe en Bolivia, Jeannette Sánchez, destacó que el IED llega en un momento oportuno para impulsar políticas que promuevan una transformación digital más inclusiva.
“El estudio empieza con una acertada afirmación: el acceso no significa empoderamiento. Esa es una verdad. Este índice es un llamado para que actuemos sobre esa realidad”, afirmó.
La representante de CAF destacó que el informe no solo identifica brechas, sino que también ofrece recomendaciones concretas para construir confianza, adaptar la formación a distintos niveles educativos, fortalecer el acompañamiento a mujeres con menor autoconfianza y territorializar las estrategias de inclusión digital.
“Se puede transformar esta realidad con voluntad, con grandes acuerdos y decisiones compartidas entre el Estado, la academia, el sector privado y la cooperación internacional”, sostuvo.
Más que un diagnóstico, el Índice de Empoderamiento Digital plantea una agenda de acción. Sus resultados muestran que Bolivia cuenta con una base prometedora: personas resilientes, responsables y dispuestas a aprender. El desafío ahora es fortalecer su confianza, ampliar sus competencias y garantizar que nadie quede al margen de la revolución digital.
En un contexto donde la inteligencia artificial y la automatización redefinen el trabajo y la vida cotidiana, el verdadero empoderamiento no consiste únicamente en estar conectado, sino en tener la capacidad de convertir la tecnología en una herramienta para crear oportunidades, ejercer derechos y mejorar la calidad de vida.


