Por: ABI
Entre mausoleos de piedra, nichos adornados con flores y pasillos que guardan casi dos siglos de historia, el Cementerio General de La Paz reúne a personajes que alguna vez ocuparon las páginas de los libros, los escenarios, los periódicos y hasta la memoria popular. En sus distintos sectores descansan expresidentes, militares, escritores, músicos, pintores, escultores, periodistas y hombres y mujeres que dejaron una huella en el país.
Durante Todos Santos, cuando las familias llegan con flores, música y recuerdos para reencontrarse con sus difuntos, el camposanto también ofrece otro recorrido: uno por la historia boliviana. Basta caminar por sus vías para encontrar la tumba de un poeta, detenerse ante el mausoleo de un antiguo mandatario o descubrir el nicho de un artista cuya obra todavía acompaña la vida cotidiana de los bolivianos.
El libro Cementerio General: El Panteón de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz. Patrimonio Histórico y Cultural, elaborado por el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, a través de su Dirección de Patrimonio Cultural y Natural, recoge parte de esa memoria. La publicación aborda la evolución histórica, social y arquitectónica del principal camposanto paceño y registra los monumentos, mausoleos, pabellones y nichos que resguardan los restos de figuras destacadas.
Uno de los primeros nombres que aparece en el sector antiguo es el del expresidente José Manuel Pando, cuyo mausoleo se encuentra en el sector Capilla, vía 20. Militar, explorador y político nacido en Luribay, encabezó el Partido Liberal y gobernó Bolivia entre 1899 y 1904. Su historia también está ligada a la Guerra Federal y a su alianza con Pablo Zárate Willka, relación que terminó de forma trágica cuando Pando ordenó la detención del líder indígena. La inscripción de su monumento lo recuerda como “soldado” y “explorador”.

El mausoleo del expresidente José Manuel Pando en el Cementerio General de La Paz. / Foto: RRSS.
A pocos pasos, en la misma vía 20, está la tumba del escritor e historiador Alcides Arguedas (1879-1946), autor de Raza de bronce, una de las obras fundamentales de la narrativa boliviana. En la vía 19 se encuentra el busto de Federico Díez de Medina (1839-1904), abogado, político, prefecto de La Paz, senador y ministro, además de fundador del periódico La Democracia.
El recorrido por el sector antiguo conduce también al mausoleo de Federico Zuazo (1857-1892), en el Paseo de La Recoleta, vía 18. Abogado, legislador y periodista, participó en la Guerra del Pacífico y fundó los periódicos La Tribuna y El Diario. En el mismo paseo, aunque en la vía 16, está el mausoleo de la familia de Vicente Ascarrunz (1828-1894), militar, político y filántropo nacido en Sorata. Tras su exilio durante el gobierno de Mariano Melgarejo, se dedicó al comercio y la minería, ocupó cargos públicos y respaldó instituciones de beneficencia.
La literatura, el teatro y la música también tienen sus espacios. En el pabellón Marmífera Boliviana, vía F, sector 13 Antiguo, reposan Alberto Saavedra Pérez (1889-1941), dramaturgo y periodista que escribió alrededor de 40 obras, entre ellas Melgarejo; y Guillermo Viscarra Fabre (1900-1980), poeta, escritor y docente que impartió clases en la Escuela de Bellas Artes, el Conservatorio Nacional de Música y la Universidad Mayor de San Andrés.
En el Paseo de La Recoleta, vía F, sector 6 Antiguo, se encuentra la tumba de Modesta Sanjinés Uriarte (1832-1887), una mujer que cultivó la poesía, el cuento, el periodismo y la composición musical en el siglo XIX. Escribió para publicaciones de su época, participó en actividades de beneficencia y compuso más de 50 piezas, entre mazurcas, valses, galopas y villancicos. En 1863 fundó, junto con Bernardino Sagárnaga, la Sociedad Filarmónica de La Paz.
Otro artista con una historia singular es Arturo Borda Gozálvez (1883-1953), cuya tumba está en el Pabellón 16 de Julio, vía 20, sector 4 Antiguo. Pintor, retratista, paisajista y escritor, incorporó a personajes indígenas en sus obras y desarrolló una mirada crítica sobre la sociedad de su tiempo.
También tuvo actividad social y obrera, y escribió su autobiografía El Loco. El libro recoge un episodio dramático de sus últimos días: murió después de ingerir ácido muriático al confundirlo con pisco.
La memoria de la política y la comunicación popular tiene uno de sus puntos más concurridos en la Plaza Luis Espinal Camps. Allí, en la vía 9 del sector 5 Ensanche, está la tumba de Carlos Palenque Avilés (1944-1997), conocido como ‘El Compadre’. Músico, comunicador y político, formó parte del conjunto Los Caminantes, pasó por la radio y la televisión y fundó Radio Metropolitana y el canal RTP.

La tumba de Carlos Palenque, conocido como el ‘Compadre’. Foto RRSS
Desde La Tribuna Libre del Pueblo construyó un vínculo con sectores populares que luego llevó a la política con Conciencia de Patria (Condepa). Su mausoleo, uno de los más visitados del camposanto, recibe flores de manera constante.
En esa misma plaza, pero en la vía B, se encuentra el memorial de Luis Espinal Camps (1932-1980), sacerdote jesuita, periodista y defensor de los derechos humanos. Nacido en España, llegó a Bolivia y dedicó su trabajo a denunciar las injusticias y acompañar a los sectores más vulnerables. Participó en movilizaciones contra las dictaduras y fue secuestrado, torturado y asesinado en marzo de 1980. El memorial muestra su rostro junto a imágenes de protesta y símbolos de su labor como comunicador.

El memorial de Luis Espinal Camps, sacerdote jesuita, periodista y defensor de los derechos humanos. Foto RRSS
Cerca de ese espacio está el nicho de Mauricio Lefevre (1923-1971), sacerdote oblato canadiense que trabajó en centros mineros y fue uno de los impulsores de la carrera de Sociología de la UMSA. El 21 de agosto de 1971, durante el golpe de Estado contra el gobierno de Juan José Torres, acudió en una ambulancia de la Cruz Roja para auxiliar a los heridos. Fue acribillado en la esquina de las calles Zapata y Capitán Ravelo.
La Plaza Luis Espinal Camps también reúne las tumbas del escritor e historiador Porfirio Díaz Machicao (1909-1981) y del poeta Gregorio Reynolds Ipiña (1882-1948), ambas en la vía A. Díaz Machicao dirigió medios de comunicación, bibliotecas y academias; escribió novelas, cuentos, biografías y una extensa historia de Bolivia. Reynolds, nacido en Chuquisaca, fue poeta y dramaturgo modernista, diplomático y rector de la Universidad Mayor de San Francisco Xavier. Su poema El Mendigo recibió un reconocimiento en los juegos florales de La Paz.
En la sección Venturini, vía 6, sector 5 Ensanche, descansa Rigoberto Paredes (1870-1951), nacido en Carabuco. Abogado, sociólogo, historiador y folklorista, dedicó parte de su trabajo a registrar las creencias y expresiones populares del país. Entre sus obras figuran Mitos, supersticiones y supervivencias populares de Bolivia y El arte folklórico de Bolivia.
El Mausoleo de Notables, ubicado en la sección Venturini, entre las vías A y B del sector 5 Ensanche, reúne nombres de la vida política, militar, cultural y artística de los siglos XIX y XX. Entre ellos figuran José Manuel Loza, José Leonardo Lanza, Félix Veintemillas, Evaristo Valle, Eduardo Díez de Medina, Félix Reyes Ortiz, Eloy Salmón, Belisario Salinas, Zoilo Flores, Juan Misael Saracho, Abel Iturralde, Manuel Isidoro Belzu, Agustín Aspiazu y Nicanor Aranzaes.
En ese conjunto también se recuerda a José Rosendo Gutiérrez (1840-1883), político, periodista e historiador que reunió documentos coloniales y republicanos hoy conservados por la UMSA; Eliodoro Camacho (1831-1899), militar y político que se opuso a los gobiernos de Mariano Melgarejo y Hilarión Daza; Fernando Eloy Guachalla (1853-1908), diplomático elegido presidente en 1908, pero fallecido antes de asumir el cargo; y Daniel Sánchez-Bustamante (1870-1933), impulsor de reformas educativas y de la primera Escuela Normal de Maestros en Sucre.
La lista incluye al pintor Cecilio Guzmán de Rojas (1899-1950), nacido en Potosí y considerado una figura central de la pintura boliviana contemporánea. Su obra indigenista marcó una época y su trayectoria estuvo vinculada a la Academia de Bellas Artes y a la Guerra del Chaco. También descansan en el lugar los restos de David Santalla Barrientos (1939-2026), reconocido actor y humorista boliviano, con una destacada labor en el teatro y el cine. Protagonizó películas como Mi socio y Chuquiago, además de crear e interpretar personajes cómicos inspirados en la cultura y la vida cotidiana del país.
La historia militar tiene otros espacios colectivos. En el Paseo de los Héroes del Pacífico, entre las vías 3 y 4 del sector 11 Ensanche, se levanta el mausoleo de la Sociedad de Beneméritos de la Patria por las Campañas del Acre. Su construcción comenzó con la reserva de un terreno municipal en 1922 y la colocación de la piedra fundamental en 1923; la estructura actual se levantó en la década de 1940. La Guerra del Acre, desarrollada entre 1899 y 1903, terminó con la cesión de ese territorio a Brasil.
En el contexto de esa contienda aparecen las figuras de Ismael Montes Gamboa (1861-1933), militar y dos veces presidente de Bolivia, y Arthur Posnansky (1874-1946), ingeniero naval y arqueólogo nacido en Viena. Posnansky apoyó al país durante el conflicto del Acre y luego dedicó su vida al estudio de Tiwanaku. Es autor de Tiahuanaco, la cuna del hombre americano y fundador de la Sociedad Arqueológica de Bolivia.
En el Paseo de los Héroes del Pacífico, vía F, sector 4 Ensanche, está el Mausoleo Militar, creado para resguardar los restos de defensores de distintas campañas bélicas. Entre los nombres que figuran en sus lápidas están Ramón Gonzales, Luis Díaz Romero, Adolfo Ballivián, Juan José Pérez, Pedro Salazar, Jorge Córdova, Manuel Canseco y Manuel Isidoro Belzu.
Este último, Manuel Isidoro Belzu (1811-1865), fue presidente entre 1848 y 1855 y alcanzó gran respaldo popular, que le dio el sobrenombre de ‘Tata Belzu’. En ese mausoleo también se recuerda a Adolfo Ballivián Coll (1831-1874), militar, periodista, compositor y presidente de Bolivia entre 1873 y 1874.
A pocos pasos, en la misma vía F, se encuentra el mausoleo de Germán Busch Becerra (1903-1939), presidente entre 1937 y 1939 y protagonista de la Guerra del Chaco. Durante su gobierno se creó el departamento de Pando y se promulgó el Código del Trabajo. Su muerte, ocurrida en 1939, todavía genera versiones contrapuestas: aunque la explicación más difundida sostiene que se suicidó, también existe la hipótesis de que fue asesinado.
La memoria de la Guerra del Chaco aparece también en el mausoleo de la Federación de Oficiales Beneméritos de esa contienda, ubicado en la segunda ampliación, vía A, Pabellón 39. Allí se menciona a Enrique Peñaranda del Castillo, presidente de Bolivia entre 1940 y 1943; Hugo Ballivián Rojas, mandatario entre 1951 y 1952; y Bernardino Bilbao Rioja (1895-1983), militar que combatió en esa guerra y recibió el grado de mariscal de manera póstuma.
El recorrido llega a la Tercera Ampliación, donde la cultura vuelve a ocupar un lugar destacado. En la vía D está el mausoleo de Franz Tamayo (1879-1956), poeta, político y diplomático paceño, fundador del Partido Radical y una de las figuras centrales de la literatura boliviana del siglo XX. Su obra incluye La Prometheida, Las Oceánides y Epigramas griegos.

El mausoleo de Franz Tamayo, poeta, escritor, político y pensador boliviano. Foto RRSS
En la vía A descansa Marina Núñez del Prado (1908-1995), una de las escultoras bolivianas de mayor reconocimiento internacional. Trabajó con granito negro, alabastro, basalto, ónix y maderas nativas. Sus esculturas se distinguen por las formas curvas y estilizadas, en especial las figuras femeninas. Fue la primera mujer en ocupar la dirección de escultura y anatomía en la Academia de Bellas Artes de La Paz.
La vía 32 reúne dos nombres que siguen presentes en la literatura y la música nacional. Allí está la tumba del poeta y novelista Jaime Sáenz (1921-1986), periodista y docente cuya obra retrató una La Paz nocturna, bohemia y misteriosa.
En el mismo sector reposa Gilberto Rojas Enríquez (1916-1983), músico y compositor nacido en Oruro, autor de canciones como Viva Santa Cruz, Negrita, Tiqui Miniqui, Dame un besito y La Paz inolvidable.
La Tercera Ampliación también guarda los restos de Maks Portugal Zamora (1906-1984), arqueólogo e investigador que realizó trabajos pioneros en sitios como Konko Wankani, Qala de Warisata y Kallamarka. Fue uno de los impulsores del estudio y la difusión del patrimonio arqueológico boliviano.
Así, entre las flores que cubren las tumbas y los pasos de quienes llegan a recordar a sus seres queridos, el Cementerio General conserva una memoria diversa. No todos sus nombres pertenecen a presidentes, escritores, artistas o protagonistas de los campos de batalla. También están miles de paceños y personas llegadas de otros lugares, cuyos nombres quizá no aparecen en los libros de historia, pero dejaron huella en su comunidad, en su trabajo y, sobre todo, en la vida de sus seres queridos. De ellos quedan recuerdos, anécdotas y aportes que quizá nunca trascendieron más allá de su entorno, pero que siguen vivos en la memoria de quienes los conocieron.
Al final, cada tumba guarda una historia y cada visita en Todos Santos es una forma de mantenerla viva.

